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En la Cuenca Minera de Riotinto, los suelos hortelanos de Nerva presentan un desafío histórico. La actividad minera ha influido en la tierra durante décadas, lo que hace necesario un seguimiento cuidadoso para mantener la productividad de los huertos locales y la seguridad de los alimentos.

La iniciativa “La ciencia lleva nombre de mujer: Lo que me enseñó mi abuela sobre la tierra de Nerva” muestra cómo la combinación de conocimiento ancestral y ciencia biodinámica puede influir positivamente en estos suelos. Esta iniciativa forma parte del proyecto Rural Voices 2030, que busca fortalecer la participación rural, la sostenibilidad y el liderazgo comunitario.

Como primera toma de contacto para captar participantes, se ha iniciado un proceso de exploración y aprendizaje sobre la calidad de la tierra y las técnicas que favorecen su fertilidad y sostenibilidad.

La actividad cuenta con la participación de mujeres mayores de la localidad, auténticas guardianas del saber sobre semillas autóctonas, plantas aromáticas y medicinales, y calendarios de siembra y abonado orgánico. Durante talleres y grupos de discusión, comparten sus conocimientos con la juventud rural voluntaria, que aprende a aplicar técnicas biodinámicas para mejorar la fertilidad de los suelos y aumentar la productividad de los huertos.

La jornada es un ejemplo de intercambio intergeneracional: juventud y personas mayores trabajan codo a codo, uniendo tradición y ciencia para regenerar los suelos y recuperar la riqueza agrícola de Nerva.

Así se vive la actividad piloto:

  • Se realizan talleres prácticos de cromatografía y preparación de suelos, con participación activa de los y las voluntarias.
  • Los grupos de discusión intergeneracionales permiten valorar la base científica del conocimiento tradicional de las mujeres hortelanas.
  • Se toma muestra de suelo y se analiza cromatográficamente, comparando suelos mineros con suelos biodinámicos.
  • Los preparados biodinámicos se aplican en huertos escolares y árboles locales, cerrando la experiencia con un aprendizaje práctico.

Finalmente, en la jornada de cierre y formación se presentan los resultados preliminares y se reflexiona sobre la importancia de mantener vivo el conocimiento ancestral en la agricultura.

La actividad evidencia que conocimiento ancestral y ciencia pueden ir de la mano para abordar retos actuales, como la recuperación de la fertilidad del suelo y la promoción de prácticas agrícolas sostenibles. Además, visibiliza el papel fundamental de las mujeres rurales como guardianas de la biodiversidad y promotoras de innovación en sus comunidades.

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